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Me quedo aquí


Hace una semana tuve la oportunidad de ver en vivo a Soda Eterno, la banda tributo a Soda Stereo liderada por Daniel Sais. Mientras estaba en trance musical, me quedé pensando en la última vez que vi a Gustavo Cerati en algún concierto, se encontraba promocionando su disco "Ahí Vamos",  el mismo que me hizo engancharme para siempre a su música al convertirse en una especie de salvación ante mi faceta de adolescente enfrentando la vida, al amor y desamor, luchando contra la desesperanza y la incertidumbre del futuro.

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Me enamoré de su música en una presentación que tuvo con Los Tres de Chile y Zoé para ser quien cerraba la noche con broche de oro de millones de kilates. Lo admito... mi plan absurdo era ver a Zoé y retirarme pero mis primas sabias supieron advertirme que su show me encantaría. Bastó su entrada al escenario para que quedara fascinada, al borde de las emociones y sintiendo el significado de cada acorde y las palabras que pronunciaba. Fue ahí cuando después de haber escuchado Crimen mil veces, por fin lloré porque entendí realmente lo que pretendía con ese tema.

Después de tanta maravilla, tenía más que claro que no quería perdérmelo en el Vive Latino así que acudí como muchos de sua fans a admirar su majestuosidad, sólo que en esta ocasión además de estar mis primas, estaba mi novio en turno. La experiencia fue agradable pero ahora que veía a Soda Eterno, una ráfaga de imágenes me invadió de repente para llegar a la conclusión de que debí haber elegido mejor a quien me acompañaba al ver a mi artista favorito. Mis primas siguen siendo increíbles, las amo a sobremanera pero aquella persona que sentía adorar ya no figura en mis pensamientos y preocupaciones actuales por una y mil razones. Todo esto me dejó pensando que así como es de vital importancia elegir a quien nos acompaña a algún concierto para hacer mejor o peor ambiente, para distraernos o hacernos ver más allá de lo evidente, con esa misma selección minuciosa deberíamos elegir quienes nos rodean en cualquier momento, todos los días de la vida. No sirve de nada tener contigo a alguien a la fuerza, no está padre rogar por su presencia, que si no te dan, tampoco te quiten emoción o diversión y que no empañen tus recuerdos cuando los repases en el futuro. 

Tan sencillo... Hay que rodearse sólo de gente que vale la pena, de personas sin las que no podríamos imaginar cualquier escena, de aquellos que te aportan, que te dan risas y sensaciones plenas. No hay razones para conformarse, la vida es una colección de instantes así que no es para nada egoísta querer disfrutarlos al extremo con quienes más amamos, desde el fondo siendo sinceros. Hay que rodearnos de quienes nos han demostrado que se quedan, como esta canción que aún hoy en día hace que me estremezca hasta en los días más chafas de mi existencia:



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Loco infeliz

Prefiero estar loca
Pero ser muy feliz
Correr cada que quiera en dirección al jardín
Imaginarme en otros mundos que sé muy bien que existen
Y vestirme según la ocasión y las ganas ameriten. Prefiero estar loca
Que ser infeliz
Tratando de encajar y empolvando mi nariz
Con horas marcadas para cada cosa
Sin buscar la lluvia y volver hecha sopa Prefiero estar loca y atrapar moscos
Hacerlos danzar siempre llenos de asombro
Que el calor de tu cuerpo siempre es algo alarmante
Llama la atención de criaturas parlantes Quiero estar loca, nunca infeliz
Una sirena que te hace reír
En los siete mares saltar entre olas
Y asegurarme de jugar con tu sombra
A mí ningún barco me atemora
Y llegar a la orilla es vencer las boyas
Quédate conmigo, así de loco y feliz
Sé loco, no seas infeliz.

No te quedes sin sentir

¿Recuerdas cuando veías el mundo con asombro?
Cuando mirar el techo por unos minutos te daba toda una gama de personajes de otros mundos, de reinos distintos al tuyo y con vestimenta que en ellos podría causar orgullo.
Eran dragones, brujas y magos, eran luchadores, animales y seres más extraños. Todo cuanto existía en tu imaginario reaultaba sencillo explicarlo, sin importar que los demás no entendieran lo que lea ibas contando.
Hubo un momento en que decidiste dejar de observar, simplemente prestaste más atención a lo que te decían que estaba bien. Dejaste de contar los días para que llegara tu cumpleaños y comenzaste a hacer una carrera para ocultar cuántos has disfrutado. Trabajas día y noche para que todos tus gustos se resuman en objetos que ni son del todo necesarios o modernos. Y entre tanta reflexión de madrugada entiendes que no estás feliz con nada de lo que pasa, que esos dolores de panza sólo son la manifestación de cuanto te ahoga y mata.
Si por el contrario, hicieras lo…

Honestamente...

¿Quién te dice cuántos pasos debes dar para encontrar tu mayor verdad? Porque los estandartes cansan y quien los sostiene no siempre cree ciegamente en su causa. Debes procurar que tu andar siga las hazañas que tus pies desean conquistar, procurando que tus piernas tengan la fortaleza de librar cualquier guerra conservando la inocencia; porque lo maligno ata y enajena, te aprisiona y te avienta para recordarte que no existes sin haber logrado cicatrices. Ya sea en ti o en los demás, la misión es pasar dejando un motivo para recordar, cada quién decide si desea que le recuerden o a las acciones que emprende. En cada camino, trazado por un inexistente destino, todos avanzan a su propio ritmo, haciendo y deshaciendo nudos para construirse un infinito; entre esas telarañas te he mantenido por años pero es hora de que vueles a envolverte en otros brazos. Sentirte amado, ser alabado, que la sangre fluya por tus venas haciéndote sonreír sin cansancio, ritmo acelerado, tensión en los brazos, …