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La estupidez del amor

Si tuvieras un jardín que quisieras llenar de flores, lo cuidarías, le cantarías, comprarías abono y aflojarías la tierra para que las raíces crezcan profundas y serenas.
Lo repasarías todo en tu mente, el lugar exacto en que irán las fresas silvestres, dónde queda el limonar, que la sombra proteja a las violetas y la enredadera lleve un cauce en su andar.
Verías pasar los días, las cuatro estaciones, contarías los años para que los frutos y flores todo adornen y cuando veas concluida tu labor con tanto ahínco ¿dejarías morir tu jardín?
¿Acaso no valdría la pena seguir cultivando ese espacio que tanto te costó construír? Que es lo que tanto deseabas, con lo que soñabas y lo que te ilusionaba...
Preferiste dejarlo así, a las inclemencias del tiempo. A sol, a sombra, entre lluvia torrencial, sin podarlo, sin mirarlo si quiera e incluso sin pisarlo. Dejó importar para ti, las hojas cayeron y fue el fin.
El otoño anunciaba del jardín tu despedida pero tu ceguera ambiciosa no te dejaba ver que lo perdías. Estabas ocupado haciendo otros planes, buscando espacios nuevos a los cuales mudarte. Para tener un jardín más grande, para decorar de nuevo con placer el ambiente que ha de rodearte.
Cuando las cosas se vinieron abajo, cuando el lugar no fue lo que pensaste, en el momento en que reflexionaste supiste que tu jardín seco ya no podría recuperarse. Podrían sembrarse otras cosas, quizá las hormigas dejaron semillas solas, tal vez el invierno sea tierno y no arranque de tajo todo tu esfuerzo. Pero sabías que llegaría el día en que todo se marchitaría, cuando el frío en tus huesos no te permitiría hacer en la tierra un hueco. Lo sabías y lo postergaste, ahora es demasiado tarde.
Intentar que las abejas, mariposas y abejorros vuelvan algún día sería solo para volverse loco. Es momento de llorar un poco para hidratar los cimientos a fondo. 
Sálvate, sálvame, deja de fingir... el destino no tiene por qué ser asi, hasta ser como un matrimonio que solo se soporta los fines de semana y pelea hasta por el edredón en las noches cuando el trabajo acaba.
Sálvate, aléjate; si no te hace feliz, muévete. Busca tus colores, rompe las prisiones y sigue tus emociones sin olvidar que se corrompen.
Olvidar es dejar morir. 
Nos olvidaste a ti y a mí.

          

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Loco infeliz

Prefiero estar loca
Pero ser muy feliz
Correr cada que quiera en dirección al jardín
Imaginarme en otros mundos que sé muy bien que existen
Y vestirme según la ocasión y las ganas ameriten. Prefiero estar loca
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Tratando de encajar y empolvando mi nariz
Con horas marcadas para cada cosa
Sin buscar la lluvia y volver hecha sopa Prefiero estar loca y atrapar moscos
Hacerlos danzar siempre llenos de asombro
Que el calor de tu cuerpo siempre es algo alarmante
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Una sirena que te hace reír
En los siete mares saltar entre olas
Y asegurarme de jugar con tu sombra
A mí ningún barco me atemora
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Sé loco, no seas infeliz.

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Cuando mirar el techo por unos minutos te daba toda una gama de personajes de otros mundos, de reinos distintos al tuyo y con vestimenta que en ellos podría causar orgullo.
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¿Quién te dice cuántos pasos debes dar para encontrar tu mayor verdad? Porque los estandartes cansan y quien los sostiene no siempre cree ciegamente en su causa. Debes procurar que tu andar siga las hazañas que tus pies desean conquistar, procurando que tus piernas tengan la fortaleza de librar cualquier guerra conservando la inocencia; porque lo maligno ata y enajena, te aprisiona y te avienta para recordarte que no existes sin haber logrado cicatrices. Ya sea en ti o en los demás, la misión es pasar dejando un motivo para recordar, cada quién decide si desea que le recuerden o a las acciones que emprende. En cada camino, trazado por un inexistente destino, todos avanzan a su propio ritmo, haciendo y deshaciendo nudos para construirse un infinito; entre esas telarañas te he mantenido por años pero es hora de que vueles a envolverte en otros brazos. Sentirte amado, ser alabado, que la sangre fluya por tus venas haciéndote sonreír sin cansancio, ritmo acelerado, tensión en los brazos, …