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Me dejaste una adicción al chocolate, muchos cuentos a detalle para poder bien dormir. Me dejaste solo un beso en la mejilla y un roce en la rodilla para más pensar en ti. Si yo pudiera pedir lo que quisiera sé que te traería de vuelta para verte sonreír y entre todo lo que tal vez te dijera estaría la certeza de que eres para mí.
Me dejaste una canción en la cabeza con un coro que me cuenta lo que adoras de mí y olvidaste llevarte aquella paleta con sabor a fruta fresca que tuve que compartir. En tus ojos veo historias que se cuentan para caminar despierta a media noche hacia el mar, sin temor a que la niebla aparezca y haga que pierda de vista de pronto al capitán.
Y aquí estás aunque no estés, enmedio del desastre a mis pies y es natural, ya lo sé, que algún día te veré.
Me dejaste un gusto por los colores y el sentir de mil amores mucho antes de nacer. Y toda una videogalería de cosas que me dan risa hasta que el aire perdí. He encontrado más escritos que te llaman sin que sepas que te extrañan entre rimas y temor, porque sé que en algún momento ibas a alejarte de mi vida sin decirme un adiós.
Me quedé con esos libros inconclusos y películas de culto que no pude terminar porque si de una sola hoja pasaba de pronto me imaginaba que el mal me iba a pasar. Nunca entendí cómo era que sabías con firmeza el momento en que me ahogué y necesitaba de ese breve espacio que hacía que a tus brazos regresara otra vez.
Y bien sé que triunfarás a pesar de que no lo puedas pensar, tú sabes, te extraño acá pero no quiero que des vuelta atrás.
Me dejaste sin respuesta a la deriva, con un playlist que lastima y que tuve que borrar. El tiempo ya ha pasado pero eso no implica que el desierto ahora ya sea un mar. Todo sigue estando donde debe y las cosas no se mueven como lo hacemos los dos, si es que alguna vez nos encontramos sonreiré porque te abrazo a distancia y con amor.
He contado un millón de carcajadas y las guardo en la panza combinadas con sabor de todos esos besos que me encantan y caricias que me rayan hasta perder la razón. Si tuviera que elegir algún momento en que todo fue perfecto, no sabría dónde empezar porque sin que importara si llovía o el tobillo me dolía, siempre te quería escuchar.
Vete ya, no pierdas tiempo, déjame con mis lamentos y si así debe ser, estaremos, siendo más que un 
recuerdo.

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Loco infeliz

Prefiero estar loca
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Correr cada que quiera en dirección al jardín
Imaginarme en otros mundos que sé muy bien que existen
Y vestirme según la ocasión y las ganas ameriten. Prefiero estar loca
Que ser infeliz
Tratando de encajar y empolvando mi nariz
Con horas marcadas para cada cosa
Sin buscar la lluvia y volver hecha sopa Prefiero estar loca y atrapar moscos
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Que el calor de tu cuerpo siempre es algo alarmante
Llama la atención de criaturas parlantes Quiero estar loca, nunca infeliz
Una sirena que te hace reír
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Y asegurarme de jugar con tu sombra
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Sé loco, no seas infeliz.

No te quedes sin sentir

¿Recuerdas cuando veías el mundo con asombro?
Cuando mirar el techo por unos minutos te daba toda una gama de personajes de otros mundos, de reinos distintos al tuyo y con vestimenta que en ellos podría causar orgullo.
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Hubo un momento en que decidiste dejar de observar, simplemente prestaste más atención a lo que te decían que estaba bien. Dejaste de contar los días para que llegara tu cumpleaños y comenzaste a hacer una carrera para ocultar cuántos has disfrutado. Trabajas día y noche para que todos tus gustos se resuman en objetos que ni son del todo necesarios o modernos. Y entre tanta reflexión de madrugada entiendes que no estás feliz con nada de lo que pasa, que esos dolores de panza sólo son la manifestación de cuanto te ahoga y mata.
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Honestamente...

¿Quién te dice cuántos pasos debes dar para encontrar tu mayor verdad? Porque los estandartes cansan y quien los sostiene no siempre cree ciegamente en su causa. Debes procurar que tu andar siga las hazañas que tus pies desean conquistar, procurando que tus piernas tengan la fortaleza de librar cualquier guerra conservando la inocencia; porque lo maligno ata y enajena, te aprisiona y te avienta para recordarte que no existes sin haber logrado cicatrices. Ya sea en ti o en los demás, la misión es pasar dejando un motivo para recordar, cada quién decide si desea que le recuerden o a las acciones que emprende. En cada camino, trazado por un inexistente destino, todos avanzan a su propio ritmo, haciendo y deshaciendo nudos para construirse un infinito; entre esas telarañas te he mantenido por años pero es hora de que vueles a envolverte en otros brazos. Sentirte amado, ser alabado, que la sangre fluya por tus venas haciéndote sonreír sin cansancio, ritmo acelerado, tensión en los brazos, …