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Noruega

Es fácil perderse donde no se puede pedir más, donde todo lo que alguna vez se encargó al cielo está frente a la vista y aunque el calor haya abandonado mi cuerpo, sepa que no puedo estar más feliz que justo ahora.

Podría volverme loca, más de lo que me sé. Gritar las maravillas que mis ojos ahora ven.

También sería posible que entre el congelamiento de pronto delire y suplique volver al encierro, al mundo cálido al que pertenezco, al calor humano y la época en la que estremezco.

Siempre he sido de sol y día, la noche no ha querido ser mi amiga; pero ante tal desfile de colores, lo de menos es que no haya flores, bien podría dejar atrás las sensaciones, olvidar al otoño y sus hojas que se rompen para instalarme en algún polo y más esquimal ser poco a poco.

Comer aceite de pescado, cazar mi propia comida, que salga el insinto que me tiene viva.

Todo sacrificio por un desfile infinito, un bien más grande que la falta de suavidad en la piel que tanto cuido, llevaría muchos dulces para que las calorías no se extrañen y como siempre, tenga ataques de risa constantes.

El azúcar me hipnotiza y en tu boca me idiotiza.

Los colores no serían, la vida no me sabría si a Noruega o Finlandia no me lanzo un día.


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Loco infeliz

Prefiero estar loca
Pero ser muy feliz
Correr cada que quiera en dirección al jardín
Imaginarme en otros mundos que sé muy bien que existen
Y vestirme según la ocasión y las ganas ameriten. Prefiero estar loca
Que ser infeliz
Tratando de encajar y empolvando mi nariz
Con horas marcadas para cada cosa
Sin buscar la lluvia y volver hecha sopa Prefiero estar loca y atrapar moscos
Hacerlos danzar siempre llenos de asombro
Que el calor de tu cuerpo siempre es algo alarmante
Llama la atención de criaturas parlantes Quiero estar loca, nunca infeliz
Una sirena que te hace reír
En los siete mares saltar entre olas
Y asegurarme de jugar con tu sombra
A mí ningún barco me atemora
Y llegar a la orilla es vencer las boyas
Quédate conmigo, así de loco y feliz
Sé loco, no seas infeliz.

No te quedes sin sentir

¿Recuerdas cuando veías el mundo con asombro?
Cuando mirar el techo por unos minutos te daba toda una gama de personajes de otros mundos, de reinos distintos al tuyo y con vestimenta que en ellos podría causar orgullo.
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Hubo un momento en que decidiste dejar de observar, simplemente prestaste más atención a lo que te decían que estaba bien. Dejaste de contar los días para que llegara tu cumpleaños y comenzaste a hacer una carrera para ocultar cuántos has disfrutado. Trabajas día y noche para que todos tus gustos se resuman en objetos que ni son del todo necesarios o modernos. Y entre tanta reflexión de madrugada entiendes que no estás feliz con nada de lo que pasa, que esos dolores de panza sólo son la manifestación de cuanto te ahoga y mata.
Si por el contrario, hicieras lo…

Honestamente...

¿Quién te dice cuántos pasos debes dar para encontrar tu mayor verdad? Porque los estandartes cansan y quien los sostiene no siempre cree ciegamente en su causa. Debes procurar que tu andar siga las hazañas que tus pies desean conquistar, procurando que tus piernas tengan la fortaleza de librar cualquier guerra conservando la inocencia; porque lo maligno ata y enajena, te aprisiona y te avienta para recordarte que no existes sin haber logrado cicatrices. Ya sea en ti o en los demás, la misión es pasar dejando un motivo para recordar, cada quién decide si desea que le recuerden o a las acciones que emprende. En cada camino, trazado por un inexistente destino, todos avanzan a su propio ritmo, haciendo y deshaciendo nudos para construirse un infinito; entre esas telarañas te he mantenido por años pero es hora de que vueles a envolverte en otros brazos. Sentirte amado, ser alabado, que la sangre fluya por tus venas haciéndote sonreír sin cansancio, ritmo acelerado, tensión en los brazos, …