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Red, the thread

       

El hilo rojo que nos ha unido
acercando nuestros destinos
se mantiene tenso y colorido
rojo carmín brillante y fino.

Como lealtad a su existencia a veces incierta
con sólo cuatro dedos mis manos cuentan,
deja de dudar que contigo estoy hasta el final
ningún lazo a nadie que no seas tú me unirá.

Dejar que todo fluya
encantarme con japón y sus lagunas
desde el meñique, al codo y el corazón alerta
que me recorra y mi cuerpo estremezca.

Que a pesar de que atajos pretendan tomarse,
aunque los caminos hoy nos separen
pese a las notables adversidades
el hilo te enreda, te lleva y conecta
no se rompe por más que se quiera.
        

Cuenta una leyenda japonesa que las personas destinadas a conocerse tienen un hilo rojo atado a sus respectivos meñiques. El hilo permanece siempre atado, a pesar del tiempo y la distancia. No importa lo que tardes en conocer a esa persona, que pases mucho tiempo sin verla, ni siquiera importa si vives en la otra punta del mundo; el hilo se estirará hasta el infinito pero nunca se romperá. 

Este hilo viene contigo desde tu nacimiento y te acompañará a lo largo de toda tu vida.

Una leyenda sobre este hilo rojo cuenta que un anciano que vive en la luna sale cada noche y busca entre las almas aquellas que están predestinadas a unirse en la tierra. Cuando las encuentra, las ata con un hilo rojo para que no se pierdan.

Otra dice que “Hace mucho tiempo, un emperador se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa que tenía la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino y la mandó a traer ante su presencia.

Cuando la bruja llegó, el emperador le ordenó que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique y que lo llevara ante quien sería su esposa. La bruja accedió y comenzó a seguir y seguir el hilo. 

Esta búsqueda los llevó hasta un mercado en donde una pobre campesina con una bebé en los brazos ofrecía sus productos.

Al llegar hasta donde estaba esta campesina, la bruja se detuvo frente a ella y la invitó a ponerse de pie mientras le decía al joven emperador: “Aquí termina tu hilo” 

Cuando el emperador escuchó esto, enfureció creyendo que era una burla de la bruja, así que empujó a la campesina que aún llevaba a su pequeña bebé en los brazos y la hizo caer haciéndole a la bebé una gran herida en la frente, ordenó a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza.

Muchos años después, cuando llegó el momento en que este emperador debía casarse, su corte le recomendó que lo mejor era que desposara a la hija de un general muy poderoso. El emperador aceptó y llegó el día de la boda. Al momento de ver por primera vez la cara de su esposa, que entró al templo con un hermoso vestido y un velo que la cubría totalmente, el emperador quedó impresionado por su belleza, sólo ensombrecida por una peculiar cicatriz en la frente.”








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