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Sobre soltar

Se suele dar por hecho que el "no soltar" es un apego y como tal, nos hará sufrir tarde o temprano.
Que las costumbres y la cotidianeidad con el tiempo se transforman en cadenas que nos atemoran ante la sóla sugerencia de ir por alguna novedad, sin mencionar que lastiman al estar cada vez más ajustadas.
La novedad es que todos sin excepción tenemos alguna atadura, que aunque de momento no sea espina en el zapato algún día hará su entrada triunfal en el portal de las decepciones y nos mostrará alguna debilidad propia que hasta antes de su aparición creíamos inexistente.
El apego al dinero, al poder, al amor, a la belleza, a la familia y los amigos, a sentirse querido, a las cosas, al pasado... montones de cadenas por todos lados, un sinfín por superarse.
Hay que dejar ir lo que nos limita y convierte en cobardes.
Dar un paso es atreverse, reconocerse y quererse. Hace falta entender cuánto quisieramos las alas extender para calibrar el paso de lo que hay que perder. Dejar ir es crecer, soltar las barreras que dejan huellas del ayer. 
Pero también se deja ir al futuro, en caso de no ser sabios para que en el momento oportuno saltemos al abismo sin ir a dar contra un muro. Alejamos cuanto no estamos seguros de merecer, de controlar o querer. El futuro es de quienes se atreven a soñarlo y tienen el coraje de realizarlo. Si se deja ir lo más anhelado, qué chiste tendría terminar de exorcizarnos, sacar todo cuanto nos ha estorbado para salir con la necedad de no saber qué camino tomar.
Dejemos ir las indecisiones, todos sabemos en qué dirección ir; es cuestión que el tiempo se encargará de repetir (una y otra vez, hasta que aprendida quede la lección), soltemos lo que no queremos, lo que nos quita años plenos... que se vayan los miedos, a reconocernos.

         

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Loco infeliz

Prefiero estar loca
Pero ser muy feliz
Correr cada que quiera en dirección al jardín
Imaginarme en otros mundos que sé muy bien que existen
Y vestirme según la ocasión y las ganas ameriten. Prefiero estar loca
Que ser infeliz
Tratando de encajar y empolvando mi nariz
Con horas marcadas para cada cosa
Sin buscar la lluvia y volver hecha sopa Prefiero estar loca y atrapar moscos
Hacerlos danzar siempre llenos de asombro
Que el calor de tu cuerpo siempre es algo alarmante
Llama la atención de criaturas parlantes Quiero estar loca, nunca infeliz
Una sirena que te hace reír
En los siete mares saltar entre olas
Y asegurarme de jugar con tu sombra
A mí ningún barco me atemora
Y llegar a la orilla es vencer las boyas
Quédate conmigo, así de loco y feliz
Sé loco, no seas infeliz.

No te quedes sin sentir

¿Recuerdas cuando veías el mundo con asombro?
Cuando mirar el techo por unos minutos te daba toda una gama de personajes de otros mundos, de reinos distintos al tuyo y con vestimenta que en ellos podría causar orgullo.
Eran dragones, brujas y magos, eran luchadores, animales y seres más extraños. Todo cuanto existía en tu imaginario reaultaba sencillo explicarlo, sin importar que los demás no entendieran lo que lea ibas contando.
Hubo un momento en que decidiste dejar de observar, simplemente prestaste más atención a lo que te decían que estaba bien. Dejaste de contar los días para que llegara tu cumpleaños y comenzaste a hacer una carrera para ocultar cuántos has disfrutado. Trabajas día y noche para que todos tus gustos se resuman en objetos que ni son del todo necesarios o modernos. Y entre tanta reflexión de madrugada entiendes que no estás feliz con nada de lo que pasa, que esos dolores de panza sólo son la manifestación de cuanto te ahoga y mata.
Si por el contrario, hicieras lo…

Honestamente...

¿Quién te dice cuántos pasos debes dar para encontrar tu mayor verdad? Porque los estandartes cansan y quien los sostiene no siempre cree ciegamente en su causa. Debes procurar que tu andar siga las hazañas que tus pies desean conquistar, procurando que tus piernas tengan la fortaleza de librar cualquier guerra conservando la inocencia; porque lo maligno ata y enajena, te aprisiona y te avienta para recordarte que no existes sin haber logrado cicatrices. Ya sea en ti o en los demás, la misión es pasar dejando un motivo para recordar, cada quién decide si desea que le recuerden o a las acciones que emprende. En cada camino, trazado por un inexistente destino, todos avanzan a su propio ritmo, haciendo y deshaciendo nudos para construirse un infinito; entre esas telarañas te he mantenido por años pero es hora de que vueles a envolverte en otros brazos. Sentirte amado, ser alabado, que la sangre fluya por tus venas haciéndote sonreír sin cansancio, ritmo acelerado, tensión en los brazos, …