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Vendrías

El frío puede ceder pero el tiempo nunca, mientras no estés conmigo seguimos en la penumbra contando historias en universos paralelos y construyendo vidas por intersectarse.
Algún día las puertas van a coincidir, las ventanas se abrirán de par en par para verte por fin. Seguro habrá que luchar para mantener todo sin tambalear pero valdrá la pena la espera para encontrar lo que nada más supera... esa historia por la que muchos matan, lloran y se apenan, lo que tantos anhelan y pocos encuentran y cuyo número aún más reducido, valoran y atesoran como guardián luminoso entre las tinieblas.
Hemos de ser pacientes, de perdernos muchos días hasta que el nuestro llegue. En sólo poco tiempo, concedernos la eternidad del pensamiento, cerrar los ojos para que suceda y sentir más allá de un sólo plano; es un hecho que existimos donde nos extrañamos.
A incontables distancias, en aventuras que aún no se narran, contra fuego y un campo minado en febrero, es un hecho que es inevitable el sentimiento, que hay que ceder para que no vaya carcomiendo y entregarse libremente a la caída de lo incierto, como caída libre con riesgo de infierno sin saber cuánto nos corresponden, sin enterarnos del resultado de cada apuesta y mucho menos qué tan redituable será transcurridos los placeres, cuando las dudas comiencen a aparecer y la rutina pase de ser amiga a la más hostigante vecina.
De quererse en cualquier tiempo, sin importar la época en la que nos encontremos, es imprescindible acariciar el cuerpo pero aún más alimentar el cariño más complejo. Que entre amarte y amarme debe haber un balance, que nada supere a su contraparte para evitar apegos y malentendidos rancios que desaten titanes innumerables, miedos innombrables de los que no queremos saber ni hoy ni antes.
Hay millones de razones para adorarte, otras más para cantarte, me quedo con las que me hacen soñarte, esperarte y extrañarte... aún cuando no te he encontrado, aún cuando aspire a volar de tu mano dejando que me crean loca y vean desperdiciadas mis palabras a veces mochas.
Ya está... como yo aquí, en este punto de la vida, segura de que vendrías.

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Loco infeliz

Prefiero estar loca
Pero ser muy feliz
Correr cada que quiera en dirección al jardín
Imaginarme en otros mundos que sé muy bien que existen
Y vestirme según la ocasión y las ganas ameriten. Prefiero estar loca
Que ser infeliz
Tratando de encajar y empolvando mi nariz
Con horas marcadas para cada cosa
Sin buscar la lluvia y volver hecha sopa Prefiero estar loca y atrapar moscos
Hacerlos danzar siempre llenos de asombro
Que el calor de tu cuerpo siempre es algo alarmante
Llama la atención de criaturas parlantes Quiero estar loca, nunca infeliz
Una sirena que te hace reír
En los siete mares saltar entre olas
Y asegurarme de jugar con tu sombra
A mí ningún barco me atemora
Y llegar a la orilla es vencer las boyas
Quédate conmigo, así de loco y feliz
Sé loco, no seas infeliz.

No te quedes sin sentir

¿Recuerdas cuando veías el mundo con asombro?
Cuando mirar el techo por unos minutos te daba toda una gama de personajes de otros mundos, de reinos distintos al tuyo y con vestimenta que en ellos podría causar orgullo.
Eran dragones, brujas y magos, eran luchadores, animales y seres más extraños. Todo cuanto existía en tu imaginario reaultaba sencillo explicarlo, sin importar que los demás no entendieran lo que lea ibas contando.
Hubo un momento en que decidiste dejar de observar, simplemente prestaste más atención a lo que te decían que estaba bien. Dejaste de contar los días para que llegara tu cumpleaños y comenzaste a hacer una carrera para ocultar cuántos has disfrutado. Trabajas día y noche para que todos tus gustos se resuman en objetos que ni son del todo necesarios o modernos. Y entre tanta reflexión de madrugada entiendes que no estás feliz con nada de lo que pasa, que esos dolores de panza sólo son la manifestación de cuanto te ahoga y mata.
Si por el contrario, hicieras lo…

Honestamente...

¿Quién te dice cuántos pasos debes dar para encontrar tu mayor verdad? Porque los estandartes cansan y quien los sostiene no siempre cree ciegamente en su causa. Debes procurar que tu andar siga las hazañas que tus pies desean conquistar, procurando que tus piernas tengan la fortaleza de librar cualquier guerra conservando la inocencia; porque lo maligno ata y enajena, te aprisiona y te avienta para recordarte que no existes sin haber logrado cicatrices. Ya sea en ti o en los demás, la misión es pasar dejando un motivo para recordar, cada quién decide si desea que le recuerden o a las acciones que emprende. En cada camino, trazado por un inexistente destino, todos avanzan a su propio ritmo, haciendo y deshaciendo nudos para construirse un infinito; entre esas telarañas te he mantenido por años pero es hora de que vueles a envolverte en otros brazos. Sentirte amado, ser alabado, que la sangre fluya por tus venas haciéndote sonreír sin cansancio, ritmo acelerado, tensión en los brazos, …