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En mi mente

Me gusta verme como un revoltijo de ideas, pensar que las palabras se mantienen guardadas en mi mente evitando ser pronunciadas debido al carrusel de pensamientos que gira dentro de mí.
Todo el amasijo de ideas y sentimientos, cargas, encuentros y ojos inquietos... todo formando parte de lo que soy.

Soy yo

Solía decir que si me pudiera convertir en un animal elegiría ser un pájaro como esos que comúnmente vemos por las calles, no pedí serlo de algún color ni especie exacta, sólo deseaba tener alas y volar muy alto, sentir libertad y disfrutar de poderme dejar llevar por la brisa del viento.


Disfruto ver volar a los colibrís, agitando sus alas tan rápido que es casi imposible ver la forma que cada ala tiene por sí misma. Se dice que cuando alguien logra ver a un colibrí, una carga de suerte llega a él, precisamente porque al poseer un vuelo tan fugaz, quien lo pueda presenciar está gozando de la fortuna de haber sido espectador del mismo... más que suerte, lo veo desde ese punto, el hecho de saber que se atesora el haber visto a semejante pájaro, de los más pequeños.
En cuestión de colores, mis preferidos han ido cambiando con el tiempo... morado, rosa, rojo, azul turquesa, verde... brillantes simplemente.

Música variada, incluyendo géneros, excluyendo al reggaetón. Ritmos aleatorios que me dominan y que a la menor invitación, me incitan a tararear ritmos memorizados, que en ocasiones me sorprende que se mantengan intactos con el paso de los años; canciones que aunque sé y recuerdo, quizá al haberlas oído por primera vez no contaba con la experiencia necesaria para haberles entendido o bien, las asumí con otro significado. Es parte de lo que se vive, la música siempre me acompaña y puedo jactarme de prescindir de un ipod porque mi biblioteca musical mental es más basta que cierto límite de bytes. Lo veo como un reflejo de mí, el hecho de cantar y explayar lo que siento en un momento por definir. Toqué por un tiempo la guitarra pero mi coordinación con las manos no era del todo colaboradora, así que sumándole mi impaciencia, me quedé con los acordes principales que a falta de práctica se han ido empolvando y sólo con el poder de controlar mi propia voz.

La voz, eso que se enuncia, el orden e ideas que en palabras nos reflejan. El poder discursivo, derramado en el el debate y llevado al extremo en el sofismo porque hay alguien que decide creernos y le asigna otra valía a dicha enunciación. Todo lo que digo soy yo, incluyendo las cosas que se dicen sin conectar el cerebro a la lengua como paso previo de precaución. En algunas de esas ocasiones ni arrepentirse llega a reparar el error. En otras, se lamenta no haber dicho antes palabras de adiós, de desdén o perdón.
Y la imaginación... todo lo supuesto inexistente, lo que nace y crece cuando y como cada quien quiere, lo que nos hace creer en convicciones, nuevos colores, sensaciones, idiomas e infinidades que nadie más conoce.

Yo te imagino de una forma que quizá no eres
pero me gusta la forma en que apareces
habrá que hacer un experimento
para ver si concuerdas con lo que hay en mi mente
a pesar de recónditos lugares donde escondes miedos de la tuya
de saltar las barreras y juegos siniestros que te ponga la terca
tu imagen y tú son míos
al modo que desee moldearlos, con recordarlos puedo reinventarlos
y hacer mío cada trazo, palabra, sonido... tanto.

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