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Duerme soñando

1.1


Para mí no es extraño encontrarme en mis sueños personas desconocidas, no me intriga, hasta me es normal. Esa tierra onírica es donde encuentro mi alter ego y hago cosas que ni yo me imagino; he sido sirena, malísima, sufrida y buena.
Lo que sí llega a ser pache-pacheco y a veces me deja algo inquieta es ver cómo aparece muy consecutivamente el mismo lugar, pero cada vez es visto con mayor deterioro y maldad.

Hay una mujer, que siempre que la veo me trata mal. Es grosera, malencarada y violenta; pero algo me dice que aunque no la conozco en persona, es como es por lo triste que está siempre. En el sueño de anoche se veía menos altanera que de costumbre e incluso esta vez, contrario a lo cotidiano, portaba un vestido de fondo blanco con estampado de flores multicolores, con una franja algo ancha color rojo encendido en el contorno que contrastaba con su piel morena y su largo cabello oscuro. Parecía tener prisa mientras se miraba al espejo para peinarse y estar al tanto de dónde estaban sus zapatos, pero ni esa atención en los detalles le permitió dejarme tranquila pues cuando pasé por su ventana me hizo una seña de desagrado ante mi presencia y yo, disfrutando de su enfado le hacía señas de que tuviera en verdad un buen día, a modo de reverencia y con un sutil movimiento de mano tal como hacen las personas de la realeza.

Pese a su maldad y su odio inexplicables hacia mí, cada que la recuerdo descubro entre su odio arraigado una tristeza tan profunda y una sed de ser salvada enormes, que me estremecen de pensarlo. En sus ojos se puede ver que su actitud hacia la vida, ante quienes la rodean es el reflejo de años de injusticia y de soledad que tiene acumulados. Es casi de mi edad, muy flaca y fría en su actuar. Duele verla respirar.

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En realidad no le temo a mis sueños ni a los que los demás puedan tener conmigo pero tengo mucho que experimentar al respecto de rarezas e iquietudes de sueños. La más reciente que me sacó de balance y me dejó sin saber cómo reaccionar ocurrió hace 2, 3 meses... una niña en la calle subió al transporte en el que me encontraba con su mamá y su hermano, yo la miré pero hubo algo que me atrapó y me quedé viéndole, fue bastante extraño e inexplicable. De la nada volteó a mirarme y me saludó afectuosamente, fue un HOLA tan cálido que parecía que nos conocíamos desde hace tiempo atrás, bastante diría yo. Esto me desconcertó y me hizo recordar a mi padre que reacciona saludando a alguien que no conoce cuando esta persona le mira en exceso y lo incomoda. Sentí vergüenza porque pensé que pude haber molestado a la pequeña con mi mirada así que me limité a voltear hacia otro lado.
Ella era de unos 11 años aproximadamente, de cabello castaño claro, largo, un poco enredado, cara ovalada, facciones finas, ojos grandes y un poco rasgados color café.
Quedaron sentados frente a mí y de pronto ella extendió su mano y a su vez su dedo índice señalándome mientras le preguntaba a su mamá: -¿Quién es ella?- manteniendo la mirada fija sobre mí y aún con el dedo apuntándome. La mamá le bajó la mano y le pidió no señalarme a la vez que asumía una postura nerviosa, un poco avergonzada quizá. Sólo respondió con un: -no la conoces ni yo tampoco, deja de señalar a la señorita-
Usualmente mantengo mi cabello a media espalda, un día antes fui a que me lo cortaran hasta los hombros.
Yo trataba de no prestar atención a modo de no incomodarlas pero escuchar lo siguiente fue lo extraño del asunto, pues escuché a la pequeña decir: -yo sí la conozco o se parece mucho a alguien, yo la he soñado pero con el cabello largo, igual y en serio no es-Me quedé sin saber cómo actuar, dudé en sonreírle, en mirarle o decir algo, cualquier cosa.
Igual y no es para tanto pero no me pareció nada común.

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Soñar con animales, con hombres altos y pálidos de traje, con tierras fantásticas, callejones oscuros, con muchos desconocidos, verme envuelta en situaciones en las que no me ubico...
sueño con serpientes.


*Cover de Silvio Rodríguez.




1.1. El tejido de sueños (1935)-Remedios Varo

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Imaginarme en otros mundos que sé muy bien que existen
Y vestirme según la ocasión y las ganas ameriten. Prefiero estar loca
Que ser infeliz
Tratando de encajar y empolvando mi nariz
Con horas marcadas para cada cosa
Sin buscar la lluvia y volver hecha sopa Prefiero estar loca y atrapar moscos
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Que el calor de tu cuerpo siempre es algo alarmante
Llama la atención de criaturas parlantes Quiero estar loca, nunca infeliz
Una sirena que te hace reír
En los siete mares saltar entre olas
Y asegurarme de jugar con tu sombra
A mí ningún barco me atemora
Y llegar a la orilla es vencer las boyas
Quédate conmigo, así de loco y feliz
Sé loco, no seas infeliz.

No te quedes sin sentir

¿Recuerdas cuando veías el mundo con asombro?
Cuando mirar el techo por unos minutos te daba toda una gama de personajes de otros mundos, de reinos distintos al tuyo y con vestimenta que en ellos podría causar orgullo.
Eran dragones, brujas y magos, eran luchadores, animales y seres más extraños. Todo cuanto existía en tu imaginario reaultaba sencillo explicarlo, sin importar que los demás no entendieran lo que lea ibas contando.
Hubo un momento en que decidiste dejar de observar, simplemente prestaste más atención a lo que te decían que estaba bien. Dejaste de contar los días para que llegara tu cumpleaños y comenzaste a hacer una carrera para ocultar cuántos has disfrutado. Trabajas día y noche para que todos tus gustos se resuman en objetos que ni son del todo necesarios o modernos. Y entre tanta reflexión de madrugada entiendes que no estás feliz con nada de lo que pasa, que esos dolores de panza sólo son la manifestación de cuanto te ahoga y mata.
Si por el contrario, hicieras lo…

Honestamente...

¿Quién te dice cuántos pasos debes dar para encontrar tu mayor verdad? Porque los estandartes cansan y quien los sostiene no siempre cree ciegamente en su causa. Debes procurar que tu andar siga las hazañas que tus pies desean conquistar, procurando que tus piernas tengan la fortaleza de librar cualquier guerra conservando la inocencia; porque lo maligno ata y enajena, te aprisiona y te avienta para recordarte que no existes sin haber logrado cicatrices. Ya sea en ti o en los demás, la misión es pasar dejando un motivo para recordar, cada quién decide si desea que le recuerden o a las acciones que emprende. En cada camino, trazado por un inexistente destino, todos avanzan a su propio ritmo, haciendo y deshaciendo nudos para construirse un infinito; entre esas telarañas te he mantenido por años pero es hora de que vueles a envolverte en otros brazos. Sentirte amado, ser alabado, que la sangre fluya por tus venas haciéndote sonreír sin cansancio, ritmo acelerado, tensión en los brazos, …