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El don de hablar

Muchas veces nos sucede que no aprovechamos o más bien no valoramos nuestras opciones, que dejamos pasar mil cosas de largo y seguimos sin detenernos a pensarlo, en esta ocasión hablaré, o más bien escribiré sobre algo que para muchos pasa sin pena ni gloria pero que en realidad es toda una ventaja, un don a sobremanera... nuestra habilidad de hablar.

Camino a casa una persona en el autobús no contaba con esta capacidad, tenía que darse a entender con señas empleando sus manos y sonidos que no lograban formular palabras.

Este suceso me hizo pensar en ejemplos vagos donde al enojarnos con alguien le negamos el habla bajo el término de aplicar La Ley del hielo. Con el paso de los días, cuando se desvanece nuestra molestia podemos llegar a reentablar alguna conversación, intentar reanudar una amistad o en casos extremos, darle rienda suelta al amor; sin embargo, cuando estas opciones se quedan en la nada y se pierde cualquier contacto y el silencio se hace eterno, me pregunto...
¿Qué pasa con todo eso que ya no pronunciamos?
Esque el hecho de dejar de hablarle a alguien no significa que con ello dejemos de tener por siembre pensamientos en torno a la persona o a la situación que nos tiene donde estamos.

A mi parecer, el "escape" que ofrece la ley del hielo, resulta después de un tiempo más prisión que en un principio ya que por decisión propia, además de por orgullo y estupidez al dialogar, nos autosometimos este estado donde de ahora en adelante, hasta que optemos por lo contario y nos lo permita la contraparte, podremos comentar, compartir, gritar o sugerir cualquier cosa a la otra persona.
En la triste situación de que ya no haya vuelta por cualquier razón, todo lo que no dijimos siempre nos termina doliendo. Ya sea porque como dicen: nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde y nos damos cuenta de que no era para tanto, que quisiéramos retomar el diálogo con alguien que ha sido y es importante para nosotros. Nos carcome la culpa y nos embarga la desesperación porque tal como es posible revivirlo, mata el hecho cuando la otra persona ya no está.

El tiempo que vivimos, el que nos es concedido... nunca está garantizado. Nunca está de más decir perdón, lo siento, te amo, quiero intentarlo o tienes razón... soy egoísta (por mencionar ejemplos). Quizá después de mencionar estas breves pero sinceras palabras tengamos la oportunidad de hacer que ese tiempo que tenemos valga la pena precisamente porque es compartido y así jamás será equívoco, pues será testigo de nuestra existencia al tener trascendencia en alguien más.

Así que cuando quieras... debes hablar, hacer uso de tu capacidad; siempre y cuando no sea para dañar, en ese caso definitivamente... callar.

PELIGRO: Antes de dejar a tu lengua actuar, asegúrate de que tu cerebro conectado está.



Y para muestra, un botón... YO-TAMBIÉN-LE-HICE-LA-LEY-DEL-HIELO-A-ALGUIEN

 

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